18 jun. 2013

Desde mi esquina

Desde mi esquina te pienso,
estrechando los dedos,
tocando las llamas,
así, despacio,
como esperando respuesta.

Aprieto los puños para no caer.
Desvalido, sin sueños, pero aquí estoy
quemando la carne,
cerrando los ojos.

Hundiendo el nudillo entre vísceras,
entre dientes,
entre fierros de huesos
hasta el final inevitable:
caes tú o caigo yo.

Tú sabes lo que he perdido:
un tiempo, un instante,
quizás un amor.
Pero yo no me dejo.
Ya habrá tiempo para lo demás.
Hoy no tengo que perder.

Y estoy aquí, sudando sueños,
mirando el cinturón.
Puede que mañana ya no exista un regreso.
Hoy voy a derretir mi piel.

21 jun. 2012

Después de ti

Sorda soledad de media luna
entre las sábanas tiesas,
entre el zumbido del silencio,
sin sol ni sombras.

En las horas de incertidumbre,
cuando los niños lloran sólos,
ahí recuerdo tu nombre,
con las manos atadas a los ojos.

Un rápido suspiro corta el aire
y el eco atraviesa el pensamiento,
como un soldado que esquiva
balas en el tiempo, lejos.

Aquí termina la cordura de la mente,
caen de repente mil fotografías,
pero un impulso me impide recordarte,
para no volver a las mismas cosas frías.

17 sept. 2010

Sinsentido

La vida no tiene sentido.
En el caos de las cosas nace lo bello.
Ya no soporto más verme al espejo y contemplar el animal que soy.
Pienso, luego existo, y después, quizás, sea un hombre.

26 abr. 2010

Nomas de huevos

Por primera vez, siento que estoy dejando de ser hombre.

Me convierto en el animal domesticado y conforme,
en el gato que se posa sobre la tv, caliente, como vientre de madre.

Me repugna verme al espejo sin pensar,
con la barba crecida de pura pinche rebeldía,
esa es mi forma de protestar.

Ahora comprendo a los inmortales,
a los que llaman desde las aulas de las universidades,
desde las celdas sin sentido.

Más tarde miraré al espejo, y de puro pinche coraje,
como signo de rebeldía, nomas de huevos,
me quitaré la barba.

7 oct. 2009

Descifrando a la serpiente


1
La serpiente
Siento que esto me está matando y necesito contárselo a la imagen que a diario encuentro en el espejo, sé que me entenderá, porque en mis sueños ya no cabe duda que lo necesito profundamente.
Todo comenzó el día cuando jugando en la arena encontré una serpiente, soltó una mordida que alcancé a esquivar en retroceso. Sentí mi corazón saltar de su sitio, la adrenalina fluyó a caudales por mis arterias y creí gritar, mas no escuché nada. Ese fue el momento del espanto más grande que jamás había sentido. Se me encogió el corazón.
En la distancia del tiempo vuelven las mismas imágenes de siempre, una serpiente en la arena, una muerte inminente y un corazón pequeño. Preferiría guardarlo interminablemente, enterrarlo bajo sangre y arena, pero es necesario matarla, está haciendo pedazos esta celda viviente. Desde entonces veo su sombra por las esquinas de luciérnagas rojas, entre copas y cristales rotos, en cápsulas y polvo de espanto. Me ve desde lejos, acechante, paciente y tranquila como mira la muerte.
Algún día te ha de llegar la hora, pero no ha de ser hoy, ¿quién lo sabe?
Siempre quise indagar su evidente camuflaje, sé que me persigue y siempre busca mi mirada, sabe que la he visto, pero ella me observa. Hoy la vi al cruzar la calle, he corrido como un loco para salvarme. Su sombra es la proyección de la muerte, la luz de los cirios juega con la oscuridad tras ella. Entre la cruz y el misterio toma el vino. Por eso ya no creo en Dioses, solo en espejos.
2
Harto del mundo

Hoy me levanté tarde, las diez y media ya no eran suficiente para llegar al trabajo, mejor me quedé acostado, con los ojos cerrados y las sábanas cubriéndome la cara. Sé que tienes ganas de largarte y seguir durmiendo pero, espera un momento, necesito que sepas algo de mí.
Anoche no pude dormir, los sonidos de la calle me espantaron el sueño, el ruido de la puerta queriéndose abrir con el aire, los cerrojos puestos rechinando constantemente, la ventana entreabierta, donde el viento se cuela alimentando el frio. Me tapé los pies y la nariz esperando soñar, pero no pasó nada.
Así estuve por horas hasta que escuché el paso de los camiones y de los carros, en la esquina las madres con sus hijos yendo a la escuela, el trabajador pidiendo una torta de tamal para librar la mañana, los estudiantes que nunca terminan de descifrar el mundo.
Me asomé por las cortinas a mirarlos entrar en la boca del tiempo insaciable, todos miraban el reloj; urgidos de morir se trepaban al tren de la muerte. Pensé en mi cama. ¿A qué distancias habrán ido aquellas gentes, por qué causas, no habrá otro sitio para vivir? Sentí pena por todos. Lloré frente al espejo intentando no mirar mis lágrimas.
Al fondo de la imagen apenas perceptible de mi rostro por el llanto, apareció la serpiente:
- ¡Maldito animal que llegas del infierno a torturarme!- Salté horrorizado y me volví de golpe.
– ¿Qué es lo que quieres? ¡Déjame en paz, ya no me tortures, déjame solo!- Cerré fuertemente los ojos y al abrirlos ya no estaba, su imagen se había desvaneció.

3
El miedo en el espejo

Tú no debes de sentir nada porque estás allá atrás, entre paredes, ¿qué te importa a ti sentarte a contemplar el vapor del café en el desayuno o, las migajas que dejan las conchas sobre la mesa? Todo te parece igual, todo es doble para ti, no tienes corazón, ni sangre, ni muerte en esa imagen. Solo me miras como he mirado a otros, solo así, nomás, de reojo cuando paso.
Veo a la serpiente, entre tus sábanas de invierno, deslizándose lenta y sutilmente hacia ti, en silencio como los amantes. La que siempre me provoca desvelos. No puedes vivir pensando en ella. Mueve las puertas, los cerrojos y las ventanas, ella es la que conduce ese tren maldito, ella es la que hace salir la luna todas las noches rojas.

4
Esperando

He visto su reflejo en el ventanal, no se ha percatado de mi presencia cuando sale de trabajar, yo estoy ahí, en la esquina, detrás del cristal observando, ella cruza la puerta, se detiene, voltea a ambos lados, luego decide por el mismo lugar y se va, siempre a la derecha.
Esta vez la esperé en la puerta, me vio de frente y tomo mi brazo, sugerí – ¿Nos vamos?- Asintió con la mirada y comprendí un si en el silencio. Caminamos por la calle y nos perdimos entre la oscuridad de los callejones. “El amor es el sol que ilumina los pasos de los enamorados”: decía un poster barato con dos angelitos asexuales tomados de la mano.
Se apoyó en mi brazo y sentí el aroma de su pelo, no hay nada más profundo en medio de la noche, suspiré. Ahí en esa respiración, en ese pedazo de delirio me quedé soñando. Desperté con el ruido de la calle y la luz del día que todo lo ciega. ¿Para qué esperar la mañana cuando la noche cobija todos los sueños?

5
Te hablo

Ya sé que estoy aquí de nuevo. No me pidas que me apure ni que llegue a tiempo, eso ya no importa demasiado, de todas formas lo haré en su momento. Por hoy déjame decirte que lo entiendo, que no te soy ajeno del todo porque crecimos con los años. Tu respiración ha ido palideciendo por el humo del cigarro y el smog de la ciudad. Yo me veo cada día más y más viejo. A veces me pregunto cómo llegamos a este momento sin detenernos un instante.
Descubrí que tus ojos no han brillado desde aquél día en que sentiste una caricia. Después, todo el amor se transformó en desvelos, en fatigas y en desencuentros. La inseguridad de perderla nos condujo a esta maldita soledad.
Solos, nos acompañamos constantemente, cada mañana, cuando pierdo la consciencia después del sueño, cuando embriagado de la miel de mis deseos me desplomo al precipicio de la luz y despierto.
Confíame lo que debo hacer hoy para encontrar el camino y verte en otras partes, en otros cuartos, en otros baños, ya no quiero verte más aquí, como todas las mañanas.

6
Deseos

En medio de la cama quiero navegar por el mundo pero eso no es posible, este timón llamado almohada me lleva a lugares a los cuales no quiero llegar. A veces estoy entre los brazos de mi amada; otras, entre gentes extrañas platicamos cosas triviales y reímos, seguimos la conversación dando importancia a lo simple, el tiempo, el color de los árboles, el dolor de muela por masticar una nuez. Cómo quisiera gritar: ¡Me vale madres, me cago en el tiempo, en los árboles y en este puto dolor de muela! ¿A quién le importa? Solo me importa llegar a la esquina a la seis de la tarde, verla salir por esa puerta y tomar el mismo camino de regreso a la Casa de Cristal.
Lo malo de los hombres es que socializamos siempre de formas muy estúpidas. Entre hombres no hay mejor conversación que la situación social del país. Existen los que prefieren una estúpida conversación, un café o cerveza, e intentan inventar una ética ajustada a sus valores.
Me pregunto si el saber que todo es poca cosa tenga algún valor, puede que el narcisista glorioso que llevo en mí sea poca cosa después de todo, y aquellos pueden dormir pensando que están bien y que lo valen. Es posible que no sueñen, todo es suficiente al momento de ir a la cama, una familia, una casa, un perro y algo de sexo. Dejaron de verse en el espejo hace tiempo. Por eso nosotros somos los desgraciados, los que nunca habremos de estar tranquilos, sabio Sabines.

7
Muéstrame tu corazón

¡Ya, deja dormir en paz! A veces quisiera estar muerto, que nadie escuchara mis temores. Ya no quiero ni siquiera pensar en tantas cosas, estoy confundido y no sé lo que es prioritario, ¿si el sol, o la luna, o quizá el juntar las hojas secas que entran por mi ventana entre los vientos de la noche? Llevan pesadillas y sueños.
Algunas veces pienso en ti, hermosa mirada que entre nubes pareces inalcanzable; otras en la maldita serpiente. ¿Qué quiere de mí? Siempre persiguiéndome.
Viento de mil lunas deja que esta pobre alma abatida tenga un momento de reposo pleno. Deja que estos ojos sientan el colirio que devela los secretos del corazón. Acaricia esta pálida piel como si fuera su mano suave y amorosa. Trae el aroma de todas las rosas del campo entre estas hojas secas. Quiero soñar de nuevo con ella, besar su dulce mano y regalarle todos sus deseos.
Tú que estás tras la pared, ¿sientes lo que yo siento? ¿Alcanzarías con tu mano la mía, enjugarías las lágrimas en el llanto de media noche, o mostrarías la sonrisa de la Gioconda cuando desfallezco? No me escondas ningún sentimiento, solo habla y muéstrame tu corazón.
¿Hasta cuándo dejarás de temerle a las sombras? Oscuridad, manto de los muertos y de los que sueñan, son el escondite del lobo y de los enamorados, son el hogar de la serpiente y también de los cucullos, son la pantalla que tiene la luna para proyectar el mundo.

8
Gel

Mira, ahí está bien, un poco más a la derecha, ok bien, esta camisa es un lio para planchar, ya debo de tener práctica, pero con prisa nunca salen bien las cosas. Ya casi son las seis y tengo que estar en esa esquina para verla. Listo, ya está, jeans combina muy bien con esta camisa, ok, zapatos cafés y cinturón de cuero natural, ok, esto si va bien, mis gafas oscuras y el cabello, eso falta, el cabello.
-Hola, te ves muy bien hoy, todo va perfecto. A ver, un poco de gel. Primero te peinas y luego me despeinas, que tontería, pero así me gusta. Bien afeitado, excelente. ¡Ah!, no olvides la loción. ¿Qué planes tengo hoy? No lo sé, pero hoy espero acercarme un poco.
A las seis pasaré frente a esa puerta de cristal, y justo cuando haya salido caminaré frente a ella, bajaré la cabeza mirándola a los ojos y le mostraré un gesto amable. Seguiré mi camino hasta la esquina y volveré hasta acá de nuevo. Si yo me he acostumbrado a verme, ella también puede hacerlo. Ojalá, al menos me regrese la sonrisa, si no, creo será un poco más difícil de lo que pensaba, aunque nunca la he visto sonreír creo que puede ser muy feliz. Así pasaré todos los días a la misma hora y haré el mismo ritual, una cortesía, hasta el día en que me vea y sonría primero. Entonces le diré: “hola”, con la misma seña. Quizás yo tenga las mejillas rojas, ella no lo notará.
Así seguiré hasta que un día, por casualidad, necesitará un paraguas bajo la lluvia de noviembre, yo pasaré con el más grande de todos, entonces me ofreceré a acompañarla hasta la esquina a tomar el autobús. Aceptará con la confianza que decenas de sonrisas mías le han inspirado y comentaremos el clima. Si lleva prisa callaré y esperaré otro momento, si no, sugeriré un café mientras se calma la lluvia en el café de la esquina. Aceptará sin mucho pensarlo y tomando una mesa cerca del ventanal que da a la calle le diré mi nombre y preguntaré por el suyo mientras el mesero llega con la carta. Seguramente ordenaremos un capuchino y un americano -el mío sin azúcar-. Después de algún rato, puede que la plática se torne tan amena que llegue la noche y solo con el reflejo de los faros de los carros iluminándonos la cara, caigamos en cuenta de que es tarde. Subirá a su autobús y nos volveremos a ver otro día a las seis.

9
Qué bien se siente!!!

Lo había pensado antes, hablar al espejo y comentar lo que sucede en el mundo, la ciudad y este cuarto. Lo curioso del caso es que casi siempre hablé sobre la economía global, el calentamiento de los polos, la extinción de las especies, el desbordamiento de los mares y las veinte mil formas en que puede ser destruida la ciudad de Nueva York; pocas veces hablé del gobernador de nuestro estado, de las políticas sociales del país, o antisociales, de la migración y el narcotráfico; pero nunca, o al menos no creo recordar, pensé en mentarme la madre al espejo.
Si vieran que bien se siente. Se los recomiendo a todos aquellos que se sientan solos, aburridos, sin mujer, con mujer, con un trabajo tedioso, sin trabajo, desesperados, angustiados, sin dinero, sin alcohol, hasta la madre, con hijos, sin ellos, moribundos, locos, enfermos, solos y completamente solos.
La soledad es eterna, mientras dura, igual el amor. Amor y soledad se intercalan como el brillo de una estrella, intermitente.


X

Oh amigo inseparable, navegando junto a mi surcamos el cosmos infinito de los sueños y los deseos. Contigo aprendí a vernos a los ojos cada mañana, ganas de hablar y de conversar para nuestros adentros, ganas de que sea solo una ventana, para poder abrazarnos y sentir un poco de ese calor humano, olvidar el frio cristal de mi rostro. Imaginando todos los días una respuesta, razonándola, verificándola y poniéndola en práctica recreamos nuestro mundo a gusto.
No hace falta nada, estamos aquí parado el uno frente al otro y nuestras voces parecen escucharse en coro, nuestras manos se estrechan más allá de la pared y nuestras miradas se funden en una línea infinita. Compartimos incluso el miedo, tanto, que lo olvidamos. Las palabras nos persiguen pero no nos alcanzan, son los temores: fracaso y soledad. La serpiente se desangra entre la cueva oscura de la tierra, cambia de piel, cambia de estrategia, muda los colmillos y toma otro veneno.
Ahora lo conocemos todo, sabemos que ella estará a la vuelta de la esquina, entre la oscuridad de los callejones, puede que esté en la maleta recién hecha para el viaje, pero estaremos esperándola. El mundo se desborona con el mazo del conocimiento que espera tras el espejo. ¿Quién en este mundo podrá dar lo que Tú puedes darme? Solo necesito hablarme para saberlo todo.

5 jul. 2009

La calle se hace más angosta y las paredes colapsan sobre mi, no encuentro la dirección correcta, pero la luz guía mis pasos, todo es penumbra y las sombras se proyectan en todos los sentidos, la mía hacia el centro de la tierra, de donde parecen salir los gritos de mi conciencia hipersensible. Súbitamente despierto y me encuentro frente al espejo, donde se perciben los reflejos involuntarios de mis ojos y mis labios, ahí se quedan los recuerdos atorados, entre la imagen y la pretensión del habla. Cierro los ojos y mi sobra se proyecta en todas las paredes de la calle, edificios viejos de madera húmeda y enmohecida por los años. Nadie calcula nuestra edad en este mundo. Y allá está, la gota que derrama el vaso, inundándolo todo en su constante fluir. Mis pasos chasqueantes, aplastando las medusas que se han formado alrededor de mi, como cucarachas marinas. Abro los ojos, parece que estoy acostado en una cama de sótano, entre sábanas frías y viejas. El espejo en el baño, y la gota sigue en el lavabo, me retumba la cabeza y cierro los ojos, la calle, me incorporo y siento que los cabellos me aprisionan a los postes de la cama, son eternos en el tiempo y, yo con las uñas largas, el aliento corrompido y mis dientes verdes. Cállate ya, gota maldita, no entiendo lo que pasa, la calle, la gota que derrama el vaso, el espejo me refleja cual monstruo en un sótano vacío. Incesante el zumbido que lo recorre todo, cuatrocientas abejas me llenan el estómago de miel y se detienen a bailar sobre mi cabeza, se quedan a vivir conmigo. Un oso negro me devora las entrañas y se sienta a mi lado a descansar satisfecho. Contemplo su respiración y le acaricio el pelo, voltea de cabeza y me introduzco en la cueva de su aliento. Y siento su piel, sus ojos y sus garras punzantes. Bajo de la cama, subo por las escaleras y me encuentro en la calle angosta, con las pareces colapsadas sobre mi, la gota sigue derramando el vaso y las medusas se cuelan entre mis garras, las sombras se proyectan en todos los sentidos y la mía, como un oso, al centro de la tierra, abro los ojos y el párpado me sigue saltando y los labios temblando. La imagen del espejo refleja un recuerdo atorado que se convierte en llanto.