24 ene. 2008

muerte-presencia

Letargo de piedra,
de un árbol viejo del bosque boreal,
viento gélido
marchita los huesos.
Entra,
la puerta abierta,
por los dedos,
entre las uñas,
sube por las piernas,
entre los vellos,
se cuela entre mis partes,
caricia de la navaja silenciosa,
arde, quema,
en letargo interminable,
en letargo interminable,
en letargo interminable,
llega al vientre entrañable,
delirante,
todo nace,
se revuelve,
entre vísceras,
se revuelve,
sube,
más,
al corazón,
helante,
la sangre se congela,
las venas del cuello,
asfixian,
me muero,
me muero,
el corazón,
las venas
vísceras,
sangre,
el cuello,
me asfixia,
muero.
Tu cuerpo,
tu cuerpo,
tu cuerpo,
no es,
ya el mismo,
no te pertenece,
ya no es tuyo,
ya no es,
ya no,
ya no es,
aquí,
nunca,
ya más,
ya no es.
Ten piedad de ella,
ten piedad de ella,
ten piedad de ella.
Aquí estoy,
junto al cuerpo.

22 de enero de 2008. Puebla, Pue.

13 ene. 2008

Llenas el aire

Llenas el aire con tu ausencia,
sutil visitadora.
Tu alma se enclava en cada espacio,
en cada cosa.
Tus voces se escuchan en el silencio
como brisa.
Mis ojos cierran para poder oírte
mas cerca.
Inmerso en ti se siente mi alma.
Contemplo tu danza en el espacio
que amargo dolor invoca;
drama conjugado de versos.
Meces el aire con tu esencia,
dulce frío que tu tacto provoca.
Llanto de viejas notas,
envuelves mis ojos con tu ausencia.
envuelven mis ojos mi tristeza.

En algún lugar del pasado. Gersom Mercado Chan

12 ene. 2008

El Robin Hood de México: "Heroe del Mes"(sic)

Roba a los que más tienen para darlo a los sobrios por necesidad. Su causa es justa y revolucionaria. La alegría de la vida llena el semblante de nuestro Héroe Anónimo. ¿Quién será El Elegido? Es menester canonizarlo, consagrarlo en vida. Su encierro no será más que la meditación de un santo monje en su claustro. Larga vida al Elegido..!!!

9 ene. 2008

El rey de la caguama

No se que pasó ese día, era una tarde de verano, habíamos terminado las materias del semestre y nos disponíamos a celebrarlo. Compramos unas cervezas y nos dispusimos a recordar los pormenores del semestre, que si las calificaciones, que si “el maestro me reprobó”, que si la nostalgia de los años regresa.

El buen compa Andresito, autodenominado el rey de la caguama, se consolidó en su reinado en un concurso organizado por él mismo: “El que se tome una caguama de fondo gana”. El premio era nada más y nada menos que la codiciada corona del “Rey de la caguama”, un viejo sombrero de paja con el que ganó una caguama en el bar de la Güera.

A la voz de tres el tremendísimo Andresito se voltronizó en una bomba de cerveza, en los insólitos diez segundo más largos de la noche succionó un litro de cerveza. Nadie pudo contra el gran adversario.

Así como ese, hubieron muchos concursos esa tarde o noche de verano. No recuerdo muy bien los acontecimientos, pero estaba sentado en un sillón individual, y los ojos me vencieron de repente.

Un grito desesperado me movió del sillón, me incorporé y Julia gritaba en la puerta de la casa. Unos malandros se habían apoderado de la última dotación de cerveza que Andresito había ido a buscar y le propinaban una buena dosis de golpes y patadas en la calle.

Corrí a ayudarlo, y tomandó un bat que siempre tenía en la puerta de entrada, le di al primero que vi. Ellos eran tres, uno calló adolorido de una costilla, el otro de la rodilla y el tercero salió corriendo a buscar a su bandita.

Ayudé a Andresito a levantarse. Estaba muy golpeado, no supe que le sangraba. Apenas íbamos a entrar a la casa cuando se escuchó el alboroto y una voz, “ese de la camisa anaranjada, el fue”. Yo era el “más buscado”. Andresito me dijo: “Córrele compa”, con una voz apenas perceptible. Y al instante salí corriendo para la casa, que quedaba en la colonia de al lado, pero tenía que bajar muchos escalones y callejones hasta llegar.

Pasé frente a la casa de Clara, por la tienda de don Poncho y por la casa de la tía Soledad, pero no estaba. Veinte cholos o pandilleros de los Estopa me perseguían, eran famosos en la colonia de Andresito por asaltar incluso a los de su mismo barrio, era una lacra. Mi casa queda al lado de la loma, la calle pasa por arriba a unos 10 metros, así que tenía que bajar por una escalera de tierra muy larga antes de llegar al nivel de la casa. Era mi fin, estaban pisándome los talones, así que lo único que pensé fue en aventarme. Saltar.. No había otra salida, estaba acorralado. Sin pensarlo demasiado salté.

Desperté al día siguiente con una cruda horrible, en el sillón de la casa de Andredito, quien estaba en la mesa con su corona de paja, “¿Qué… crudito?”, me dijo.”Vente, échate la última conmigo”.

El cuexcomate. 9 de enero de 2008. Gersom Mercado Chan

2 ene. 2008

Los Cerros

Recuerdos del Capitán

Era una tarde lluviosa de septiembre, la sierra estaba cubierta por un manto de niebla, la lluvia mojaba constantemente la tierra que la devoraba con boca de gigante, la lluvia implacable. Se confunden a los lejos los cerros y el cielo entre nubes. El azul.

Todo está en calma, solo se escucha la lluvia cayendo sobre el zaguán de lámina de zinc un poco vieja. Todo se percibe en los cerros, el aullido del mono, el canto de los pájaros de pecho amarillo allá en el árbol del fondo, tan grande como el cielo mismo, ahí dentro se esconden también las cotorras, que lo han tomado como vecindad. Se acerca un perro todo mojado a cubrirse de la lluvia.

Una respiración profunda, lenta, pausada, tranquila. Pero la lluvia sigue cayendo en la sierra, y el sonido de la lámina adormece como las olas. Cierra los ojos y sueña con el mar. Libertad.

-Tiene veinticinco años que dejé las playas por las montañas y no he dejado de quererlas Simón - El perro mueve la cola y mira al capitán que le acaricia una oreja.

-Nomás que estas montañas no me han dejado ir, parece que traen toloache en la niebla, o que el río lleva conjuros de amor... Yo digo que son las piedras las que no me han dejado bajar. Han de saber las cabronas que algún día estaré con ellas. Pero se equivocan. Este pellejo se va pa el mar, como los marinos. Allá voy a estar bien, tranquilo, con los puros pececitos. El día que yo quiera me regreso, no serán los guachos los que me obliguen. Ni cuenta se van a dar los pendejos cuando ya no esté. Pero falta mucho para que deje de llover Simón.

Gersom Mercado Chan. El cuexcomate. 30 de diciembre de 2007.