9 ene. 2008

El rey de la caguama

No se que pasó ese día, era una tarde de verano, habíamos terminado las materias del semestre y nos disponíamos a celebrarlo. Compramos unas cervezas y nos dispusimos a recordar los pormenores del semestre, que si las calificaciones, que si “el maestro me reprobó”, que si la nostalgia de los años regresa.

El buen compa Andresito, autodenominado el rey de la caguama, se consolidó en su reinado en un concurso organizado por él mismo: “El que se tome una caguama de fondo gana”. El premio era nada más y nada menos que la codiciada corona del “Rey de la caguama”, un viejo sombrero de paja con el que ganó una caguama en el bar de la Güera.

A la voz de tres el tremendísimo Andresito se voltronizó en una bomba de cerveza, en los insólitos diez segundo más largos de la noche succionó un litro de cerveza. Nadie pudo contra el gran adversario.

Así como ese, hubieron muchos concursos esa tarde o noche de verano. No recuerdo muy bien los acontecimientos, pero estaba sentado en un sillón individual, y los ojos me vencieron de repente.

Un grito desesperado me movió del sillón, me incorporé y Julia gritaba en la puerta de la casa. Unos malandros se habían apoderado de la última dotación de cerveza que Andresito había ido a buscar y le propinaban una buena dosis de golpes y patadas en la calle.

Corrí a ayudarlo, y tomandó un bat que siempre tenía en la puerta de entrada, le di al primero que vi. Ellos eran tres, uno calló adolorido de una costilla, el otro de la rodilla y el tercero salió corriendo a buscar a su bandita.

Ayudé a Andresito a levantarse. Estaba muy golpeado, no supe que le sangraba. Apenas íbamos a entrar a la casa cuando se escuchó el alboroto y una voz, “ese de la camisa anaranjada, el fue”. Yo era el “más buscado”. Andresito me dijo: “Córrele compa”, con una voz apenas perceptible. Y al instante salí corriendo para la casa, que quedaba en la colonia de al lado, pero tenía que bajar muchos escalones y callejones hasta llegar.

Pasé frente a la casa de Clara, por la tienda de don Poncho y por la casa de la tía Soledad, pero no estaba. Veinte cholos o pandilleros de los Estopa me perseguían, eran famosos en la colonia de Andresito por asaltar incluso a los de su mismo barrio, era una lacra. Mi casa queda al lado de la loma, la calle pasa por arriba a unos 10 metros, así que tenía que bajar por una escalera de tierra muy larga antes de llegar al nivel de la casa. Era mi fin, estaban pisándome los talones, así que lo único que pensé fue en aventarme. Saltar.. No había otra salida, estaba acorralado. Sin pensarlo demasiado salté.

Desperté al día siguiente con una cruda horrible, en el sillón de la casa de Andredito, quien estaba en la mesa con su corona de paja, “¿Qué… crudito?”, me dijo.”Vente, échate la última conmigo”.

El cuexcomate. 9 de enero de 2008. Gersom Mercado Chan

2 comentarios:

Anónimo dijo...

mmm ¿donde la habre escuchado antes?... jejeje... esta padre, pero tiene un cierto parecido con la realidad -¡ese es el pelon!- jejeje

mathy dijo...

jajajajaajaja se que es una ilusion porque dudo que hayas saltado xD me quede picada! saludos ^^